Rafael Güenchenen público en sus redes sociales en el marco de la conmemoración de la Revolución de Mayo, participé del acto por el 25 de Mayo en la Escuela del Viento de Río Gallegos, junto al secretario adjunto del SIPGER, Nallib Rivera, el referente gremial Pablo Menéndez y miembros de la comisión directiva.

Esta fecha merece mucho más que una postal antigua o una ceremonia repetida por costumbre. La Revolución de Mayo fue una decisión política enorme. Fue el comienzo de un pueblo que empezó a preguntarse por su destino, por su libertad, por su soberanía y por su derecho a organizarse para decidir sobre su propia vida.

Mayo fue mucho más que un cambio de autoridades. Fue un pueblo tomando conciencia de su fuerza, dejando de aceptar que otros decidieran por él y abriendo un camino propio. Ese gesto de organizarse, de preguntar, de hacerse cargo y de no entregar el destino común sigue hablando hasta hoy en cada institución que el pueblo trabajador levanta para cuidar a los suyos, defender derechos y construir futuro.

Esa pregunta sigue viva. El pueblo quiere saber qué se decide sobre su trabajo, sobre su educación, sobre sus recursos, sobre sus derechos y sobre el futuro de sus hijos. Quiere saber qué hay detrás de cada política de Estado, de cada proyecto de ley y de cada decisión que compromete recursos presentes y futuros.

Quiere saber qué compromisos se asumen con cada endeudamiento, para qué se toma, cómo se va a administrar, quién controla su destino y de qué manera se garantiza que esos fondos vuelvan a la sociedad en obras, producción, empleo, educación y desarrollo. También quiere saber por qué algunos programas públicos se manejan con tanta discrecionalidad, justo donde debería haber más equidad, más justicia y más equilibrio, sobre todo en políticas que deberían llegar primero a quienes más lo necesitan. Y quiere saber, además, hasta dónde llega cada ajuste, qué presupuestos recorta y cómo impacta sobre áreas que son fundamentales para la inclusión, la integración y el desarrollo.

En una Argentina y en una provincia atravesadas por dificultades económicas e incertidumbre social, esa pregunta no puede quedar guardada en la historia. Tiene que servir para mirar el presente. La verdadera libertad necesita un pueblo informado, instituciones que respondan y decisiones públicas tomadas de cara a la sociedad. Una comunidad que deja de preguntar, de participar y de exigir respuestas termina aceptando que otros decidan por ella.
Por eso las fechas patrias nos obligan a pensar qué Nación queremos construir y qué proyecto de Provincia queremos defender. Una Patria que merezca ese nombre tiene que incluir a los trabajadores, a las familias, a las localidades del interior y a las nuevas generaciones. La educación abre futuro. El trabajo sostiene el presente, la provincia y el país posible.
Esa tarea también se hace desde la organización gremial, desde el mutualismo y desde las escuelas. Transformar la realidad exige conocer, pensar, discutir, participar, aprender y construir.
Gracias a las autoridades de la institución por la invitación. Fue un acto muy sentido, con alumnos, docentes, familias y auxiliares compartiendo una fecha profunda de nuestra historia. Hay momentos en que la historia deja de estar en los libros y vuelve a aparecer frente a uno, en la voz de los chicos, en una canción, en una bandera, en una familia que mira con orgullo y en una escuela que se prepara para honrar lo que somos.
Ver a los chicos preparar sus palabras, representar aquel Mayo de 1810, cantar y mirar la bandera vuelve a recordarnos el lugar enorme que tiene la escuela en la vida de una comunidad. Ahí se ve lo que muchas veces cuesta explicar. En el trabajo de cada docente, en las familias que acompañan, en los chicos que empiezan a descubrir su voz y en una comunidad educativa que sostiene mucho más que una jornada escolar.
Por eso participar de este acto tiene para mí un valor especial. La Escuela del Viento nació de una decisión concreta de los trabajadores organizados y de una mutual que entendió que también había que estar donde se forma la vida de nuestras familias.
La Escuela del Viento pertenece a la Mutual 12 de Septiembre y representa una de las decisiones más importantes que puede tomar una institución nacida del esfuerzo de los trabajadores. Acompañar la educación de nuestros chicos y chicas, abrir oportunidades para las familias afiliadas y para toda la comunidad, fortalecer el vínculo entre la escuela y las familias, y construir futuro desde nuestra propia comunidad.
Sostener una escuela así exige planificación, inversión, equipos de trabajo, continuidad y una mirada clara. Los recursos de los trabajadores deben cuidarse, ordenarse y volver a las familias en obras, servicios, oportunidades y derechos concretos. Esa convicción la venimos sosteniendo hace años, con una administración responsable que nos permite cuidar lo construido incluso en momentos difíciles para la provincia y para la actividad hidrocarburífera. Lo que construimos con el esfuerzo de los trabajadores lo sostenemos con seriedad y lo ponemos al servicio de nuestras familias y de toda la comunidad.
Hoy la Escuela del Viento se posiciona como una de las instituciones destacadas del país según las Pruebas Aprender y como un modelo educativo en Santa Cruz, con orientaciones modernas vinculadas al conocimiento, la producción y los desafíos actuales. Esas orientaciones responden a una necesidad concreta, que es formar a las nuevas generaciones en capacidades tecnológicas, científicas y energéticas ligadas al desarrollo de nuestra región, para que la soberanía sobre nuestros recursos y el trabajo del futuro también se construyan con jóvenes formados en su propia tierra. Ese reconocimiento demuestra que desde la organización, desde la solidaridad y desde una administración responsable también se puede alcanzar calidad educativa, excelencia y futuro.
Quiero reconocer especialmente a docentes, directivos y auxiliares. Detrás de un acto escolar hay horas de preparación, paciencia, cuidado y compromiso silencioso. Ese trabajo se nota en los chicos, en el clima escolar, en la participación de las familias y en el sentido que cobra cada fecha patria trabajada con responsabilidad.
A pocos días de un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, me quedo con una imagen muy fuerte. Chicos y chicas de una escuela construida por trabajadores hablando de la Patria, de la libertad y de nuestra historia.
Ahí hay una síntesis profunda de lo que creemos. La Patria se vuelve concreta en el aula, en una familia que acompaña, en una comunidad que se organiza y en una institución que cuida lo que construyó con el esfuerzo de los trabajadores.
Ese es el sentido de Mayo. Un pueblo que se organiza, que pregunta, que participa y que entiende que la verdadera independencia se defiende todos los días, con educación, trabajo y compromiso con nuestra gente.